¿Cuál es la dirección correcta? Una parte de ti saldría corriendo, otra cedería ante los miedos, cada vez mayores y más fuertes. Otra se tiraría al suelo, abrumada porque sabe que algo no está bien, pero no puede hacer nada por evitarlo. Otra se lanzaría en brazos de las personas que son tu apoyo y, al mismo tiempo, otra tiene demasiado miedo de acercarse a ellas debido a tus propias contradicciones.
¿Cómo hacer entender algo que ni siquiera tu entiendes? ¿Cómo afrontar una situación cuyas salidas parecen igualmente dañinas? ¿Cuándo pasa el caos de ser algo momentáneo a ser una parte de ti de la que no puedes escapar? ¿Cuándo una cosa puntual empieza a ser habitual y se convierte en un sinsentido que te acecha? ¿Cuándo volví a atravesar la puerta que separa las dos verdades que me conforman, dejando atrás la parte de mí que más quiero ser? ¿Dónde diablos metí la llave para volver? ¿Cuándo y cómo me dividí a mí misma de forma tan extrema? ¿Cuándo una de esas mitades se convirtió en todo aquello que siempre he temido? ¿Cómo aceptar aquello de ti que más odias y que no entiendes? ¿Cómo lo mantienes a raya?
No puedo saberlo, aunque sigo buscando las respuestas. Y no se bien por qué, pero no paro de pensar que por el camino acabaré perdiendo cosas importantes para mí. Nunca avanzo lo suficientemente rápido, y todo pierde el sentido a mi alrededor demasiado a menudo como para que se pueda aguantar durante tanto tiempo. Y de nuevo, una contradicción. Demasiada responsabilidad en espaldas que no se las merecen, y que deberían dejar de aguantarlo porque si no se romperán y se alejarán para poder soportarlo. Pero no puedo dejar de apoyarme en eso porque siento que, sin perales que sujeten el cielo, mi mundo se rompe en pedazos.
El miedo encuentra el asidero al que aferrarse y todo vuelve a empezar. Y no puedes huir. Y no parece que vaya a tener un buen final, por mucho que lo intentes.
Y al mismo tiempo todo es una locura, porque nada tiene sentido y todo es mentira.
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