Eso ha sido "El Aprendiz de Magia" para mí. Una experiencia inolvidable, dos años cargados de magia, de ilusión y de trabajo duro con muchas ganas. Dos años -dos quincenas- sumergida de lleno en un mundo mágico, donde la imaginación y la creatividad eran lo más importante en todos los sentidos. Es poco tiempo, poco tiempo para disfrutar de un lugar como ese, y aún con todo doy las gracias por haber podido formar parte de él.
Tengo multitud de momentos, de tonterías y de cosas grabadas en la memoria. Tantos, que ni siquiera los recuerdo todos, aunque están ahí, esperando el estímulo apropiado para saltar a mi memoria y hacerme sonreír. Porque si esta experiencia me ha dado algo, ha sido felicidad. Ha habido momentos, como todo: peleas, incomodidades, broncas... pero lo que más destaca para mí eran las risas, las bromas, las paridas y los gestos de cariño. Quizá porque era el último campamento, o quizá por los niños, no lo sé, la experiencia ha sido más intensa que en los campamentos del año pasado. Para mí era más emoción aún (emoción en el sentido de emocional, no de emocionante) por mi situación familiar y con todo me pasé el campamento entero sonriendo. Y doy gracias por cada uno de esos momentos y me da miedo que se me olvide alguno, porque son como mi reserva personal de Felix Felicis, si bien al recordar me pongo nostálgica, también me recuerda muchas cosas buenas y me hace sonreír y me dan energías para coger con ganas lo que se me presente por delante. Esos recuerdos me levantan el ánimo: las caras radiantes de los chicos, la forma en la que disfrutaban con cada actividad y con cada cosa, recordar las notas que aún conservo que nos escribían, los abrazos colectivos y los intentos por batir el récord de tiempo abrazados, las canciones, los duelos, las partidas de ajedrez, las tardes de piscina, las bodas simuladas, los ciempiés, los unicornios retrasados, las clases, los puffskeins, las pelis diarias, los zynxs, el cementerio, Gus haciendo de Gollum, Carol escribiendo doscientos privados, Clara y Jorge cantando, Ismael echando en falta su pasta de dientes, Dobby, Luis, las clases, los sustos, los dibujos de los vasos, las subastas de comida, las patatas fritas, el bacon, el rol...
Pero no son sólo los momentos. Hay algo de lo que quería hablar aquí aparte de lo que ya todos saben. Me resulta muy complicado expresarlo con palabras sin repetirme, pero el agradecimiento que siento por haber podido formar parte de esta aventura es indescriptible. No sólo por la magia, por la experiencia y lo bien que me lo he pasado diseñando actividades o haciendo papeles para meter a los chicos en el mundo mágico, también por todo lo demás. He crecido como persona. He aprendido a ser mejor monitora, ahora sé cosas que tengo que pulir, cuándo tengo que ser firme y no dudar, he aprendido a lidiar con mis errores. Y también he aprendido mucho sobre mí misma. Los chicos y Laura me han ayudado a ver mis limitaciones, a romper mis propios límites, a sobrellevar mis cargas. Me han enseñado que puedo ser yo misma, y que hay cosas que puedo hacer de las que no me creía capaz. He aprendido a qué darle importancia y a qué no.
Y lo más importante, me han demostrado que es cierto lo que se dice de que todo es posible si le echas imaginación y ganas.
Es imposible que pueda dejar por escrito todo lo que este campamento ha dejado dentro de mí, no podría describir lo que se siente al estar allí con todos esos niños, ni lo que duele saber que se ha terminado. El que ha estado allí lo sabe tan bien o mejor que yo. Me encantaría escribir cada uno de los momentos que tengo guardados del campamento, pero no tengo más tiempo ahora y no sé si habría espacio para tanto. Los iré recopilando y quizá los suba poco a poco, cada vez que de un trago de mi reserva de suerte embotellada.
Sólo me resta decir una cosa: Gracias a todos.
Gracias a Elena por ser una gran amiga y por descubrirme este mundo y a Antonio por su constante trabajo para que todo estuviese en condiciones y su ayuda para hacerlo posible.
Gracias a Carlos por compartirlo, aunque sólo fuesen un par de días.
Gracias a Carlos por compartirlo, aunque sólo fuesen un par de días.
Gracias a los chicos, en especial a Lucas (y a Luis), a Gustavo, a Erica, a Lorena, a Dani, a Raquel, a Ismael, a Carol (y a Dobby), a Alejandra, a Clara, a Isa, a Jorge, a Ángel y a Blanca, pero también a Rosalía, Sara, Blanca, Violeta, Paula y Dani por ser tan buenos alumnos y mejores magos, por sus sonrisas, abrazos, notas y tonterías y por todos los ratos que me han regalado y lo que me han enseñado. Ellos son el corazón y la vida del Aprendiz, los que lo hacían posible y los que nos daban las ganas a los monitores de hacer cosas nuevas para que lo disfrutaran. Sin ellos el castillo no es más que un albergue bonito. El Aprendiz de Magia seguirá vivo siempre que ellos lo quieran, lo recuerden y lo guarden con cariño en su memoria, porque ellos son El Aprendiz de Magia.
Y sobre todo, gracias, gracias y mil gracias a Laura, por hacerlo posible, por contar conmigo y dejarme formar parte de esto, por compartir su magia y regalarme su amistad. Ella lo negará, pero si los chicos son la vida del Aprendiz, ella es el alma, lo que lo conecta todo y lo mantiene unido.
Gracias por todo. Gracias por sacar lo mejor de mí y por esta experiencia única e inolvidable.
♥♥ EAM'14 ♥♥
Siempre estaréis conmigo
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