"Nadie merece tus lágrimas, y quien las merece no te hará llorar."
¿Lo entiendes ahora?
Me gustan los imposibles. Me encanta soñar con que seré capaz de dejarlo todo por perseguir un sueño.
Tengo la cabeza en las nubes la mayor parte del tiempo.
Pero en el fondo, no soy más que una cobarde que se aferra a lo que puede cuando puede. No me merezco tus lágrimas, ni las de nadie. Y todos os mereceis las mías. Me merezco cada cosa que me pasa, y ójala pudiese coger todo tu dolor y guardarlo para mí. Ójala mis lágrimas sirviesen para limpiar tu alma, para borrar todo ese daño que te he hecho.
Estaba ciega. Caminaba con la ilusión en las manos y me dejé llevar. Una voz en mi cabeza me decía que tuviese cuidado, pero todo era demasiado bonito, se sentía demasiado bien como para callármelo todo. Y ahora... ahora ha llegado el momento de pagar esa felicidad robada. A tu costa. Como siempre. Grandes momentos de felicidad que sepagan con el dolor de la gente que más me importa.
Si eres inteligente, te alejarás cogiendo el mismo camino por el que viniste. Porque eres demasiado buena persona, demasiado inocente, como para quedarte cerca de mí. Sólo te haría daño de nuevo. Y esto lo digo a sabiendas de que lo que más me gustaría es que volvieras, y pronto. Pero no me voy a permitir ser egoísta más allá de publicar estas palabras, que quizá te hagan aún más daño. Ni siquiera te voy a pedir que si te vas, te despidas.
Sal corriendo y aléjate todo lo que puedas. Porque yo no seré capaz de decírtelo a la cara, y no soportaría hacerte más daño. Si es que aún se le puede hacer más daño a alguien.
¿Sabes qué es lo peor? Que no aprenderé a callarme. Estas mismas palabras pueden suponer el dolor de otras persona, y aún así, aquí están. Porque me duele demasiado el perderte como para pensar en consecuencias, sólo puedo pensar en que necesito sacar lo que tengo ahora mismo en el pecho, porque si no me destruirá por dentro. Seguramente no debiera hacerlo, debería aguantarme y guardármelo todo. Eres tú quien debería quejarse, quien debería gritar. Siento que ni siquiera debería permitirme un segundo de paz y desahogo.Y quizá sería mejor dejar que me matase poco a poco, y así evitaría el dolor de otras personas importantes. Pero soy demasiado cobarde. Perdóname, una vez más, por ser tan egoísta como para escribir esto. Me merezco todo lo que me está pasando.
Pero tú no, y ójala pudiera arreglar eso.
Si alguien lee esto, que intente aprender la lección que yo nunca recuerdo.
"El hombre es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla"
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