La vida no contesta las preguntas que formulas, pero esconde las respuestas que deberías buscar.

viernes, 27 de julio de 2012

- El final.

- ¿A qué te refieres?

- El tiempo pasa, un segundo muere para dar paso al siguiente. Una persona aparece en tu vida y otra se va. Una mala acción borra la buena que hiciste anteriormente. El frío da paso al calor y viceversa. El tiempo pasa, inexorable, con cada tic-tac del reloj. Un día el reloj de cada uno comienza a andar y en algún momento está destinado a pararse. Y entre medias... lo que hay entre medias lo llenamos de cosas: lo llenamos de esperanzas, de sueños, lo intentamos llenar de alegrías y de buenos momentos, aunque siempre se nos cuelen malos. Lo llenamos de gente, lo llenamos de... ¿De qué? De un millón de cosas que, como nuestro propio tiempo, aparecen y desaparecen sin más. Un día estás bien, al siguiente mal. Un día la primvera es hermosa, al siguiente te da alergia. Un día la nieve es juego y otro es un problema.

- ¿Qué tiene que ver? Eso no es importante. Nada.

- Vacío. Tu tiempo entre tiempos está, en realidad, vacío. Un vacío que duele de sólo pensar que está ahí. Un vacío que ya no se llena con nada, desde que tu última esperanza se desvaneció como el humo, se te deslizó entre las manos como el agua. Miras las gotas en tus manos preguntándote si serás capaz de unirlas de nuevo, si a partir de ese poco podrás reconstruir el todo, si sólo porque siguen ahí esas gotas sigue la esperanza de volver a tener el agua en tus manos. Cuando empiezas a sentir el vacío intentas aferrarte a esa vana esperanza, pero pronto pasas a la desesperación. Y luego, a la nada. No hay nada que puedas controlar y que llene ese vacío, ¿no es  cierto? No hay manera de que deje de estar ahí.  Ah, si, lo controlas, cierto. Suprimes el dolor convirtiéndote en un autómata que no hace nada excepto lo que debe hacer o lo que le mantenga la cabeza ocupada. Evitas pensar, evitas moverte, evitas ser alguien. Huyes, porque no puedes enfrentarte a ello, no puedes ganar. No tienes armas, sólo tienes argumentos... y el vacío los succiona cada vez como si los estuvieras tirando al retrete. Y es así, porque no lograrás llenar ese vacío con culpabilidad, ni con ira. No lo llenarás con la compasión ni la preocupación de los demás. Puedes intentarlo, pero sabes tan bien como yo que no lo conseguirás.

- No es verdad. Nada de eso lo es. Todo se acaba. El dolor muere, se va.

- Si, muere. Todo se va.... Mírate. ¿Qué se siente? ¿Qué se siente al ver que todo se derrumba a tu alrededor? Las cosas no son lo que eran y tampoco lo que parecían. Tus problemas no son dignos de mención comparados con los verdaderos problemas de la gente que te rodea.Oh, sí. Tienes una visión distorsionada de lo que te rodea, y ni siquiera sabes qué pensar. ¿sigues dándole vueltas a todo? Intentas parar, ¿no? Pero es difícil. Necesitas una justificación para todo ese dolor, pero no la encuentras. Todas tus razones te llevan a un sentimiento peor que el anterior: si es por esto es que soy egoísta, si es por aquello es que soy estúpido... De verdad, no sé cómo puedes aguantarlo.  Llevas muchas noches sin poder dormir, te he oído llorar y sé que esperabas que alguien apareciera para abrazarte. Lo escuché en tu cabeza, lo leí en tus ojos. La soledad lo hace más grande, ¿lo notas? Todas las formas de soledad que conoces, por pequeña que sea la sensación, se hace más fuerte cuando ya no puedes disimular el agujero en tu pecho que causa el vacío. Es como un círculo: la nada alimenta la soledad, y la soledad alimenta a la nada.

- ...

 - ¿No tienes nada más que decir? Bien. Lo que has dicho es suficiente. Tu destino es esa rueda, ese círculo. Soledad y Nada. El tuyo y el de todos los demás. Lo sabes, todos lo saben aunque hagan de todo por no verlo.  Y ahora es tu turno para abrir los ojos a esa realidad, por eso he venido. Ven conmigo. Ya no hay nada que te retenga aquí.

>> Tenías razón: Nada es verdad. Nada es importante.Todo muere.

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