Extrañamente extrañada, 22 de Diciembre de 2010
Querido Nadie:
Hacía mucho que no te escribía. He tenido la tentación muchas veces, pero no quería porque eso supondría en ahondar un poco en mis revueltas ideas y o bien no lo he creído oportuno en el momento, o bien me pudo la pereza de ponerme a escribir. Hoy he estado a punto de pasar de largo otra vez, de meterme en mi mullida cama y olvidarme de todo. Pero algo me ha impulsado a encender el ordenador y esta vez no voy a dejar que se me pasen las ganas.
Entre todas las razones que tengo para estar escribiendo ahora, la más llamativa consiste en que quiero sacar algo que tengo en algún lugar de mi cabeza, pero que no acabo de distinguir. Es una idea difusa, que se esconde en cuanto intento enfocarla, pero se pasea apareciendo una y otra vez. El caso es que esta idea desconocida me causa a la vez euforia y desasosiego, siento al mismo tiempo una calidez inmensa y ganas de sonreír acompañados de presión en el pecho y nerviosismo, casi tristeza. Me desconcierta cada vez que aparece danzando, envuelta en una niebla que no puedo atravesar.
¿Por qué? ¿Cómo? Preguntas que no voy a poder responder. Quizá hay una posibilidad de responderlas, pero implicaría demasiadas cosas, cosas que prefiero que no aparezcan por ningún lado. No merece la pena sacar a la luz según que cosas, porque cabe la posibilidad de que intentando entender acabes confundiéndote más, que en un intento de encontrar acabes perdiéndote del todo.
Es tan extraña esta sensación, este sentimiento... es como la mezcla de admiración, envidia y pasión que me despierta cierta música, pero sin música de por medio. A veces pienso que es como si todo fuera distinto y al mismo tiempo que nada ha cambiado. ¿Hasta qué punto puede haber algo que te haga sentir cosas tan contradictorias? Me resulta fascinante y me da miedo. Sobre todo miedo de que en determinado momento esa sensación se incline más hacia una parte negativa que a una positiva. Es algo que puede pasar en cualquier momento, porque nunca sabes exactamente cómo va a aparecer el sentimiento cada vez, y en ocasiones te pilla con la guardia baja.
Es como cuando estás un poco ausente y escuchas una canción bonita, pero triste: cabe la posibilidad de que todo se vuelva más negro por momentos. Del mismo modo si lo que escuchas es algo alegre ese sentimiento se vuelva más positivo, siempre manteniéndose esa fascinación y ese contrapunto que desconcierta.
A medida que escribo me doy cuenta de que la sensación va desapareciendo, porque la idea, que ha estado casi completamente visible esta vez, se vuelve a difuminar en mi maraña de pensamientos. Me queda una reminiscencia, la sensación, pero cada vez soy menos capaz de describirlo con palabras, quizá por eso todo parezca tener cada vez menos sentido. Y supongo que no puedo decirte nada más que esta inconexa sucesión de ejemplos y trozos de un algo que no puedo explicar, pero que sigue en mi cabeza, esperando el momento oportuno para volver a aparecer y dejarse ver, desconcertándome.
Deja que llore mi cruel suerte
y que suspire la libertad.
Gracias por leerme. Hasta la próxima carta.
Kreyla Vaely
No hay comentarios:
Publicar un comentario