Hay momentos en la vida de las personas en las que no hace falta una razón justificada para llorar. Tan sólo el recuerdo de muchos intentos frustrados de hacerlo, de lágrimas reprimidas para bien o para mal, es suficiente para decir "¡Tengo derecho a hacerlo!¡Tengo derecho a llorar!¡Tengo derecho a sacar todo lo que he estado guardando!"
Y lo tienes. Tienes ese derecho porque has aguantado: has sido fuerte, comprensivo, educado... Has sido lo que hacía falta ser. Y ahora, por fin, cuando nadie te ve, ahora tienes derecho a ser lo que tú quieres ser.
Y si quieres llorar, llora hasta que no te queden lágrimas, llora hasta que no puedas más, llora hasta que desfallezcas. Quizá así, cuando despiertes, todo habrá sido un mal sueño y tu vida empezará de cero.
Y todo volverá a ir bien.
Esta reflexión la escribí en un cuaderno hace ya dos años, y hoy me he reencontrado con ella.Me ha parecido bueno compartirla. Espero que os guste.
Llorar, ése acto que nos hace tan libres...y tan prisioneros. Porque si después de evadirnos, llorar y desconectar todo sigue igual, lo único que apetece es llorar más.
ResponderEliminarP.D. ¡¡Primer en comentar en todo el blooog!!xDDDD